Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Morir...


Tu mirada me quema cuando leo en ti esas intenciones. Tu rictus te delata y habla a gritos callados esas ganas de follarme como si no hubiera mañana. Cada parpadeo de tus ojos es como una caricia que me hipnotiza… y atrapa. Cada respiración ronca, casi bronca, declara un suspiro en mi boca mientras mi piel tremola y mi mirada, clavada en ti, ondea provocándote. 


Te siento, así, tan cerca de mí que las sábanas duelen, y el sendero entre mis piernas te invita a pasear. Tu boca se quema de besos con sabor a café y la taza humea en tanto mi cuerpo se vuelve serpiente desnuda. Pienso en el camino de migas que la noche no ha borrado: Mis prendas derramadas por el pasillo, hurgando las necesidades de piel, de carne, de agua y de todo…; de verbos sucios y conjugaciones que incendian… y mis manos son libélulas revoloteando sobre mis nacientes ramblas, bailándote incipientes de pecado… 

Y, entonces, dejas la taza y te olvidas del café. Te vistes de homicida mientras tanteas tu táctica y proyectas en mi boca parte de tus armas... Muerdes mi cuello con labios prietos y llegas a mi oreja. El lóbulo es un detonante de los instintos y me concibes al oído tus intenciones que ya arden en mis entrañas... Me asesinas la piel en cada tajo de tu lengua, en cada presión de tus manos, en el peso de tu cuerpo, en el aliento de tu boca, en las arañas de tus dientes... Y sí, me inmolo mártir en este fuego...

... porque no hay mejor forma de morir que follándonos... 


 ©ɱağ

sábado, 11 de noviembre de 2017

Salvajes e indómitos...

Abigarras mi piel como si fuera tempura en tus manos, acercándome a ti casi hasta encastrarme en tu piel como una perla al baño de una alianza. Nuestros alientos, como dos vendavales acompasados, se comen la piel y la saliva... y nos hacemos egoístas, desinteresados del otro y volcados en nuestro propio placer... sabiendo que, sin el otro, somos solo piel y huesos. 


Nos derramamos en mil sentidos que exfolian cada poro de nuestra piel, clavándose como alfileres en la sien, templandonos tal nubes de algodón cuando nos enredamos y temblamos como dos hojas guiadas por el deseo, por el desbordamiento de estos mares de sentimientos que nos hacen tan nuestros, tan del otro... perdiendo la constancia de lo inconsciente, devorándonos como dos salvajes que no meditan pero que sienten y se entregan... 

Y llega el culmen, la parte más instintiva, la que no se puede evitar, la que no se puede coaccionar, la que no ha de limitar... Somos dos serpientes en una danza de fuego, de líquidos, de esencias, golpeándonos mutuamente, pecho contra pecho..., quebrando la última brisa de ese voraz hálito que muerde los labios, que abre la boca, que derriba e irrumpe el espacio húmedo de la lengua..., que gime, que revienta, que cruza..., que nos hace Uno... Somos la fuerza, la vida de un placer máximo que nos mata... y nos resucita.

martes, 7 de noviembre de 2017

Tu Gracia en mí...


Estoy... porque me has llamado. 
Espero..., dándoTe las gracias 
porque en Ti, Contigo, 
todo es bello 
y haces que mi corazón se abra a Tu Gracia. 

Porque Tú sabes Amar. 
Tú sabes Guiar. 
Tú me enseñas. 

Tu Mano estaba tan cerca de mí para tomarme 
y arrancarme de los caminos oscuros... 
para sanar esta mi Almam
rota y ensangrentada,
 que me aquietaba... 

Y es que en Ti, Mi Señor, 
con Tu infinita Misericordia, 
con Tu infinita Ternura, 
todo es mi Sino. 



©ɱağ

domingo, 29 de octubre de 2017

Fuego que enciende la carne y templa la mente (II)...



Me fui desnudando, dejando caer cada prenda, jugando con ellas mientras la quitada e insinuándome plantando mi mirada en Él. Pocas veces le bajaba la mirada.

- ¿Quieres besarme? -me dijo cuando, desnuda, mis manos paseaban sobre mis caderas antes de situarse a la espalda. Afirmé con un gesto.- ¡Dilo!- inquirió, sentado al borde de la cama. Solo se había quitado la americana.
- Sí, lo deseo –me negó con la cabeza.
- Creo que puedes hacerlo mucho mejor. No intentes cabrearme. –Y no sería la primera vez que lo enfadaba. En la última, nos mantuvimos separados casi quince días. Pero quien se había enfadado era él. No yo… Así que como la paciencia es una virtud. Fui paciente.
- Sí, Mi Señor.
- ¿Lo ves? Acércate… Ya sabes cómo deseo…

Despacio fui cediendo sobre el suelo. Primero una pierna… Luego la otra… y mis rodillas se apoyaron sobre la moqueta. Un gesto sensual, mil veces practicado. Mis hombros cedieron al resto de movimientos, mis brazos adoptaron la postura precisa y mi espalda tomó el arco adecuado. Comencé a gatear hacia Él como un gato que está atento a su presa, que se agazapa, se detiene atento, se sienta sobre sus patas traseras… y prosigue.

Le observé morderse los labios, apoyarse en las manos echando los brazos hacia atrás, como elevando sus caderas, mostrándoSe. Sus ojos mostraban el fuego que se enaltecía dentro de su Ser. - Sabes ser muy perra… y me vuelves loco cuando te comportas así. Y era porque ahí, a dos pasos de su sexo, encajada entre sus piernas, olisqueándoLe, sintiendo ronca su respiración, viendo el brillo de su mirada… y la reacción entre sus piernas, marcando el pantalón mientras mi aliento le estaba alimentando las ganas.
Mis manos se paseaban por sus piernas, desde los tobillos, subiendo y bajando lentamente… Hasta que me detuve para sentarme sobre mis piernas. Le miré. Sonreí y sé que iba a decir algo pero, entonces, me dediqué a quitarle los zapatos…, los calcetines… y abrirle el pantalón, dejando que su miembro henchido y erecto sintiera cierta liberación todavía bajo el bóxer blanco.

Un quejido, un gemido… y proseguí mi ritual. No hay nada mejor que dejarme hacer para conseguir de mí… Todo. Pero… me tomó del pelo, obligándome a echar la cabeza hacia atrás. Mi cuello se tensó y en él noté cierta presión de su otra mano. Dejó su rostro muy cerca de mí. Sus labios casi rozando los míos. No dijo nada entonces. Cerré los ojos y sentí su boca sobre la mía. Un beso intenso, prieto, denso… forzándome a abrir la boca, a percibir el saqueo de su lengua en la humedad de mi respiración. Se separó y abrí los ojos… Un hilo de saliva cayó sobre el hueco entre mis labios.


- ¿Qué deseas? –me preguntó. Respiré hondo mientras tragaba su saliva. Volví a clavar su mirada en la suya. Le estaba retando. Lo sabe. Ambos sabemos. Y eso le pone.
- Aquello que Mi Señor desee. -Una respuesta así lo enerva.
- Sabes ser muy diplomática pero haré que te pronuncies porque hoy tengo algunos planes para ti… y no van a ser, precisamente, los que tú crees que deseo.

Sabía que me acabaría follando pero antes de eso sería su juguete, el peón de sus juegos y la plasmación de ese pensamiento “oscuro” en el blanco lienzo de mi piel pero, hasta entonces, todo era una incógnita.
Lo siguiente fue el sonido de la palma de su mano estrellándose contra una de mis nalgas. 


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El Beso del Pecado

El Beso del Pecado
La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.